«Prisioneros» (2013): Cuando sacan el demonio que hay en ti.

Primera película en Hollywood de uno de los mejores directores de suspense, no solo de su Canadá natal sino, del panorama actual del cine. A Denis Villeneuve le respaldan sus Incendies (2010) y Enemigo (2013), dos thrillers cargados de muchísima tensión, intriga e inquietud. Casualmente como esta Prisioneros.

La película se estructura a través de un laberinto – guiño, guiño – de ansiedad y desconsuelo, donde la encrucijada del protagonista (Hugh Jackman) por encontrar a su hija secuestrada es la salida de este turbio y sombrío laberinto que le llevará a cosas insospechadas y le hará sacar el monstruo que habita dentro de todos nosotros. Y esto no es debido precisamente a su guión. El guión es sencillo – que no malo –, efectivo, con una tremenda evolución en el personaje principal y construido para enlazar todas sus partes como si de un puzzle se tratara ¿Por qué secuestrar a otra niña además de la de Jackman? Para que el padre de ésta (Terrence Howard) se encargue de ser la conciencia buena del protagonista. Es su debate externo sobre qué está mal y qué está bien para recuperar a sus hijas.

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Villeneuve sin duda transforma un buen guión en una sobresaliente película gracias a entre otras muchas cosas a recursos como ese ambiente frío y lluvioso tan claustrofóbico, característico de series como The Killing; esa narración paulatina cargada de suspense que no te apartará de la butaca del cine – o de donde veas la peli – y sobre todo, a esa genial interpretación de los actores principales. Mucho se habla de la fantástica dupla interpretativa de Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal – el poli que colabora en la búsqueda de la niña secuestrada – y están espléndidos. Pero nadie habla de Paul Dano, el cual representa a un joven con la mentalidad de un niño de diez años que se convierte en el primer sospechoso y en el punto de mira de Hugh Jackman. Para mí, a un nivel soberbio este Dano que ya demostró su valía en Pequeña Miss Sunshine o Ruby Sparks entre otras.

Volviendo al personaje de Jake Gyllenhaal, he de mencionar que para mí éste es el talón de Aquiles de la película. Empezaba prometedor: con sus ticks, sus tatuajes misteriosos y su personalidad atormentada. Pero ahí queda todo. Apenas se desarrolla y evoluciona, y su labor simplemente se basa en seguir el rastro de la pequeña niña. Pero lo perdono por cómo se ha construido al personaje de Hugh Jackman ¿Víctima o agresor? Pues víctima y agresor. Ambas personalidades surgen en él, las cuales colisionarán en el desenlace final. Éstas le llevan a una doble vida, y Jackman lo clava en su papel. Todo ello relacionado con la fe y la religión debido a que están muy presentes en la película, y no hay que irse muy lejos para confirmarlo, ya que en la primera escena se recita el Padre Nuestro. Comprobamos, como se dice más adelante, que la fe se pierde cuando un ser querido está en peligro y haces cualquier cosa por protegerlo. Hasta sacar al demonio que hay en ti.

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En conclusión, Prisioneros está a caballo entre el carácter más independiente, personal e inteligente de la Adiós pequeña adiós de Ben Affleck; y la persecución por Europa de acción y más comercial de Liam Neeson en Venganza.

Como la barba de Hugh Jackman, esta película se merece con todo el mérito del mundo una barba cuidada.

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