«El reportero, la leyenda de Ron Burgundy» (2003): Una comedia cohete que explota en su mitad.

Esta película forma parte del universo de Judd Apatow, el productor que ha dado con la tecla para que la comedia americana de estos últimos diez años sea un referente en los espectadores – aunque todavía no sé si un referente bueno, o malo -. Apatow ha formado una familia junto a sus inseparables Ben Stiller, Will Ferrell, Paul Rudd, Steve Carrell o Seth Rogen entre muchísimos otros, con clásicos – que no buenos – de la comedia actual como por ejemplo Virgen a los 40, Lío embarazoso, Supersalidos, Paso de ti, o La boda de mi mejor amiga. Pero ésta, El reportero, la leyenda de Ron Burgundy, es la olvidada por el público. La olvidada, y para mí, la mejor. Aunque tampoco hay que exigirle mucho más a una película para ser mejor que las anteriormente citadas – ya ni te cuento de las no citadas -.

Los elegidos para protagonizar el séquito periodístico de esta lunática película ambientada en los años 70 son: Will Ferrell, Paul Rudd, Steve Carrell y David Koechner, cuyas vidas en el noticiario líder de San Diego – en especial la del carismático Ron Burgundy (Will Ferrell) – cambiarán con la llegada de la primera reportera de género femenino a la televisión, el personaje de Christina Applegate. Todo ello dirigido por otro fijo de Apatow, Adam McKay (Los otros dos). Efectivamente, un gran elenco de la comedia al cual se le unirá otras caras conocidas mediante papeles secundarios y cameos de lujo – no como los de Torrente -. Nadie le puede decir que no a Apatow ¿verdad?

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La película en sí tiene un argumento muy simplón hasta la mitad del metraje, destacando sobre todo la figura elitista, soberbia y exitosa del protagonista y, la batalla – nunca mejor dicho – por ser la cadena más vista. Sin embargo, a partir de la segunda mitad, la película se aferra a lo que realmente importa en la comedia: la risa. Gags, chistes, caracterización cómica de personajes, escenas de humor absurdo y, estupidez en general, rellenan la trama de una manera inimaginable en la primera media hora. Esta segunda parte recuerda a la buena época de David Zucker o Jim Abrahams años atrás, donde un Leslie Nielsen – descansa en paz maestro – habría emulado perfectamente a este personaje de Ron Burgundy que pasará a mi historia personal del cine. Dicho nivel de humor, hasta la fecha no se lo hemos vuelto a ver a Apatow. Lástima.

En definitiva, película de hora y media de alto nivel de estupidez y humor absurdo que reivindicó el género al principio de los 2000. Género que tanto se ha visto afectado posteriormente con películas como Scary Movie y todas esas parodias absurdas con la coletilla Movie en sus títulos. Se echa en falta el género, sí.

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